Durante años hemos debatido sobre el origen de los fondos de salud: si cotización individual o fondo mancomunado, si seguro único o competencia regulada. Pero mientras los titulares se concentran en la recaudación, el verdadero agujero negro reside en cómo compramos salud.
El modelo tradicional de pago por acto médico premia el volumen y no la calidad. Un hospital recibe recursos cuando un paciente hipertenso sufre un accidente cerebrovascular y requiere UCI; pero el sistema no premia al equipo que logró que ese paciente mantuviera su presión controlada durante una década.
El cambio de incentivos como eje transformador
La medicina basada en valor (Value-Based Healthcare) propone una ecuación simple pero revolucionaria: el valor es igual a los resultados de salud que le importan al paciente divididos por el costo de alcanzarlos. Países de la OCDE que han adoptado este enfoque han logrado contener el incremento del gasto público y mejorar drásticamente la sobrevida y calidad de vida de los enfermos crónicos.
En Chile tenemos la infraestructura digital y los datos necesarios para dar este salto. Solo falta la determinación de alinear a Fonasa, las aseguradoras y los prestadores en torno a metas de salud poblacional.