El talón de Aquiles de la protección financiera en salud en Chile continúa siendo el evento catastrófico no cubierto o insuficientemente financiado. Aunque el régimen de Garantías Explícitas en Salud (GES) representó un hito histórico, su canasta cerrada deja fuera innovaciones terapéuticas, fármacos de última generación para oncología y procedimientos de alta complejidad que hoy llevan a miles de hogares al sobreendeudamiento.
Fonasa atiende hoy a más del 80% de los habitantes de la República. Pretender que con presupuestos históricos inerciales se pueda absorber el aumento vertiginoso de los costos de la tecnología médica es una ilusión contable que termina pagándose con listas de espera quirúrgicas y desabastecimiento de insumos.
Mecanismos de compra con riesgo compartido
Es indispensable estructurar un verdadero Seguro Catastrófico de Salud, financiado con aporte fiscal y un esquema de deducibles vinculados a los ingresos del hogar. Paralelamente, Fonasa y Cenabast deben evolucionar hacia contratos de compra basada en resultados (riesgo compartido con laboratorios) donde el Estado solo desembolse recursos cuando el medicamento demuestre efectividad clínica en el paciente.
La modernización del financiamiento no puede ser rehén de disputas ideológicas: se trata de darle viabilidad técnica a la promesa constitucional de protección a la salud.