A lo largo y ancho de Chile existen cientos de Centros de Salud Familiar (CESFAM) que operan con sistemas informáticos propietarios que no conversan entre sí, ni con los hospitales de referencia ni con las farmacias comunales. Esta desconexión es el síntoma de una salud digital fragmentada.
La adopción del estándar FHIR y las políticas de datos abiertos promovidas por el Estado chileno deben pasar del plano teórico a la obligatoriedad contractual en todas las compras públicas de software clínico.